jueves, 3 de septiembre de 2026

Del Puente de Coronas al techo de los Pirineos (Crónica montañera)

Otro verano a tresmil.  Ascensión al Aneto, que forma parte del programa "Tresmiles Jóvenes 2026" del Club de Montaña Nabaín y Juventud Pelaire

                                                 

El pasado 26 de agosto, seis miembros del Club de Montaña Nabaín nos enfrentábamos a uno de esos retos que, desde el principio, sabíamos que no iba a ser uno más. Dentro del programa Tresmiles Jóvenes 2026, poníamos rumbo al Aneto, techo de los Pirineos con sus 3.404 metros, para afrontar su ascensión por la vertiente sur, desde Vallibierna.

Cinco de los seis participantes no habíamos ascendido anteriormente al Aneto. Aunque ya contábamos con experiencia en otros tresmiles, esta cumbre suponía para casi todos alcanzar la mayor altitud conseguida hasta entonces, lo que hacía que la ilusión fuera aún mayor.

Tras coger el autobús desde Benasque, llegamos al puente de Coronas, a 1.930 metros, donde comenzamos a caminar alrededor de las ocho de la mañana. Por delante nos esperaban unos 12 kilómetros, más de 1.450 metros de desnivel y muchas horas de montaña.

Los primeros kilómetros transcurrieron por el valle de Coronas, pasando por el Ibonet y los ibones de Coronas. A medida que ganábamos altura, el paisaje iba cambiando y el sendero se hacía menos definido. Los hitos de piedra pasaron a ser nuestros principales aliados mientras avanzábamos por un terreno cada vez más propio de la alta montaña.




Continuamos ascendiendo bajo la cresta de Llosas hasta alcanzar los ibones Altos de Coronas y, posteriormente, la gran morrena glaciar que nos conduciría hacia la Collada de Coronas. El desnivel empezaba a hacerse notar y, a partir de los 3.000 metros, las conversaciones fueron disminuyendo. Cada uno se concentraba en sus pasos, interrumpiendo el silencio únicamente para compartir alguna indicación o detenernos a contemplar las vistas.




Antes de alcanzar la Collada de Coronas, a 3.208 metros, todavía tuvimos que superar una pequeña chimenea mediante una trepada. Una vez arriba, la montaña volvió a cambiar.






Ante nosotros apareció el glaciar del Aneto. Para algunos era la primera vez que utilizábamos crampones y piolet, por lo que aquel momento tenía también algo de descubrimiento. Nos equipamos y atravesamos una zona de hielo duro y nieve que, aunque cada vez más reducida por el retroceso del glaciar, todavía hacía necesario utilizar el material.

Superado el glaciar, continuamos hacia la antecima por un terreno cada vez más exigente. Durante buena parte de la subida, la cima permanecía cubierta por nubes y niebla, pero a medida que ascendíamos el cielo comenzó a despejarse. Poco a poco, el horizonte se abrió ante nosotros, dejando ver la recompensa que nos esperaba después de tantas horas de esfuerzo.

Todavía quedaba un último obstáculo: el famoso Paso de Mahoma.

Las condiciones nos obligaban a afrontarlo con especial concentración. El viento soplaba con fuerza, llegando a superar en algunos momentos los 70 km/h, y las temperaturas en la cima se situaban entre los 0 y los -2 ºC. El estrecho y expuesto tramo de roca imponía respeto, con una importante sensación de vacío, pero también despertaba la adrenalina de saber que estábamos a pocos metros de nuestro objetivo.

Uno a uno fuimos superándolo, utilizando manos y pies para avanzar entre las rocas. Y entonces, finalmente, llegamos.









3.404 metros. Aneto.





Nos encontramos prácticamente solos en la cima, bajo un viento intenso pero con el cielo ya despejado. Tras las fotografías de rigor y el esperado encuentro con la famosa cruz del Aneto, celebramos todos juntos lo que acabábamos de conseguir.

No era nuestro primer tresmil, pero sí la cumbre más alta que casi todos habíamos alcanzado hasta ese momento. Haber llegado juntos después de seis horas de ascensión, más de 1.400 metros de desnivel y varios tramos técnicos hacía que la celebración fuera todavía más especial.

Desde allí pudimos contemplar un horizonte repleto de grandes cumbres pirenaicas, con el macizo de la Maladeta extendiéndose a nuestro alrededor. Durante unos instantes, el cansancio quedó en segundo plano. Estábamos allí, en el techo de los Pirineos, disfrutando de una recompensa que había costado muchas horas de esfuerzo.

Después de comer en la antecima y descansar un poco, tocaba emprender el camino de regreso por el mismo itinerario. Si la subida había sido exigente, la bajada tampoco nos lo iba a poner fácil. El cansancio acumulado hacía que las tres horas de descenso parecieran avanzar más lentamente de lo esperado y tuvimos algún que otro resbalón y caída.







Además, teníamos una última motivación: el autobús salía a las 18:30 y no esperaba a nadie.

Así que los últimos kilómetros se convirtieron en una marcha rápida y exigente hacia el puente de Coronas. Finalmente, agotados, con las piernas cargadas y alguna que otra ampolla en los pies, llegamos al punto de partida justo a tiempo para coger el último autobús de vuelta a Benasque.

Diez horas después de comenzar, nuestra aventura llegaba a su fin.

Pero todavía quedaba una última parada. Después de una jornada tan exigente, no dudamos en acercarnos a unas pequeñas termas en Benasque, donde pudimos relajar los músculos y descansar mientras asimilábamos todo lo que acabábamos de vivir.

La ascensión al Aneto nos dejó mucho más que una cima: el aprendizaje de enfrentarnos a un terreno de alta montaña, el estreno de algunos con crampones y piolet, el respeto por una montaña de estas características y, sobre todo, la satisfacción de haber conseguido el objetivo juntos.

Una cima compartida, un reto superado y una experiencia que difícilmente olvidaremos.

Gloria Gracia Sanchón






Fotos de Ibert, Diego y Arán


miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sobre el reloj de sol del valle de Chistau (crónica montañera)


El Club de Montaña Nabaín y el Club Atlético Sobrarbe realizaron una ruta circular a las peñas de las Diez, de las Once y del Mediodía

Después de varias horas de esfuerzo, una treintena de montañeros y montañeras de los clubes Atlético Sobrarbe y Nabaín, nos plantamos en la cumbre del Pico Mediodía, una de las montañas más septentrionales del Macizo del Cotiella. Atrás quedaban los pasos por el Collado del Ibón y las Agujas de Las Diez, Las Once y Mediodía.

Para concluir nuestro recorrido, aún nos quedaba una hora y media de bajada por pendiente moderada de pedrera fina para volver donde habíamos iniciado la ascensión, el Ibón de Plán, también llamado Basa de la Mora. Aunque no pasa por su mejor momento, por la sequía propia de la época estival y su utilización como punto estratégico de recogida de agua por los helicópteros para sofocar un incendio cercano producido recientemente, es seguramente uno de los lagos de montaña más bonitos y espectaculares de toda la cordillera pirenaica.

Este macizo es un rincón del pirineo poco visitado, y eso está bien. Algunas de sus cumbres emblemáticas son poco accesibles, los desniveles son importantes y su orografía es compleja. Además se encuentra a la sombra de los ‘Montes Perdidos’, ‘Vignemales’, ‘Anetos’ y demás… Quizás esos escasos ochentaitantos metros que le faltan para ser una de las montañas que sobrepasan los tres mil metros tenga también algo que ver en la ecuación.

La ruta elegida es sin duda alguna un verdadero paseo aéreo. Casi siempre nuestro camino transcurre por el pétreo y estrecho filo que une estas montañas, haciéndonos sentir como verdaderos funambulistas. La atmósfera estaba prístina, transparente, sin el más mínimo atisbo de bruma. Los macizos de Maladeta-Aneto, Vallivierna, Bachimala, Batuás, Eristes, Tendeñera y Turbón entre otros, mostraban sus rasgos de manera clara y contundente. La belleza del recorrido es tal, que a cada poco nos sentíamos con la obligación de parar a contemplar el espectáculo que teníamos ante nosotros.

El día se mantuvo soleado pero fresco. La radiación solar era implacable. Después de leer en las noticias que acabamos de pasar el verano meteorológico más cálido de la serie histórica, iniciada en 1961, disfrutar de estos recorridos, fuera del calor abrumante de los valles, es todo un privilegio.

Estas peñas sabias son un gran monumento natural y a la vez un instrumento de precisión. Varias de ellas conforman las agujas de un gran reloj. Los habitantes que las rodean establecieron un código ancestral aliándose con el sol para medir el paso del tiempo. A veces la tecnología más vanguardista es así de simple. Basta con ser observadoras y curiosos para descubrir los secretos más escondidos que nos ofrece nuestro planeta. Deberíamos de mirar más hacia el pasado para encontrar el camino a nuestro futuro, y creo que en parte es lo que hemos hecho caminando por sus cumbres. Un viaje en el tiempo.

Dos momentos de esta salida montañera perdurarán en mi memoria. La basa, en las horas centrales del día, es un lugar muy concurrido. Decenas de turistas son atraídos por su belleza y su fácil acceso. El alboroto que produce el gentío resta gran parte de la magia de este soberbio lugar. Disfrutar de su silencio y soledad como pudimos hacerlo nosotras durante unos instantes será uno de esos recuerdos

El otro será la impronta que dejó la visión del terrible incendio que hace pocos días asoló parte de este encantador lugar. 90 hectáreas calcinadas de bosque de gran valor ecológico, hacen que el alma se encoja. Una tormenta eléctrica quiso dejar su feroz impronta. Qué se puede hacer contra eso más que reflexionar y aprender de la madre naturaleza.

La jornada terminó como es costumbre tomándonos unos refrigerios y charlando sobre lo acontecido durante el día y lo que está por venir. Gracias a todas y todos los que habéis participado en esta gran jornada de montaña y en especial a Montse por enseñarnos que el querer puede ser un gran poder. Nos vemos en el monte.

Juan Carlos Somolinos (Club de Montaña Nabaín)

 

 


























 
Fotos: Somo
 
 
Vídeo de la jornada de preparación de la excursión en la que participaron varios compañeros del Club de Montaña Nabaín: 
 

 

martes, 1 de septiembre de 2026

Salida barranquista: Barranco de Aguaré

 5 de septiembre

 Numerosos rápeles, algunos destrepes, toboganes,...articulan el descenso del barranco calizo de Aguaré o Añazas, en Canfranc.

 Allí vamos el próximo sábado, 5 de septiembre.

 


 Reseña

Plazas limitadas

Hay que estar federado (en espeleo o montaña, en modalidad que cubra esta actividad) o tener seguro de día. Si necesitas federarte  pincha aquí y sigue las instrucciones. Si quieres que te gestionemos seguro de día escribe al tfno de contacto.

 

Transporte: en vehículos particulares por cuenta de los participantes

Puntos de encuentro:

Boltaña, 08:30h (bar Avenida)

 (Si vas a estar en otro punto del trayecto, avisa al inscribirte)


Inscripción (hasta el jueves 3) en este enlace

Contacto: 660506021 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Crónica montañera: Ascensión a los picos de Astazú, con vivac en el Balcón de Pineta

 

Esta salida forma parte del ciclo joven ‘Otro verano a tresmil metros’ del Club de Montaña Nabaín y Juventud Pelaire


El club sobrarbés ha programado para estos días nuevas actividades en las simas de Vilanúa, en la Peña las Once del valle de Chistau y en el Aneto.


El Club de Montaña Nabaín y la asociación boltañesa Juventud Pelaire continúan con sus programa ‘Tresmiles jóvenes’. Los picos de Astazú han protagonizado una nueva actividad de este ciclo, que en 2026 lleva el lema ‘Otro verano a tresmil metros’, y con el que estas entidades pretenden acercar a los jóvenes al montañismo y a las grandes cumbres del Pirineo. Una decena de jóvenes montañeros y montañeras participaron en esta actividad que incluyó un vivac en el entorno del ibón de Marboré, en el Balcón de Pineta

 

Tras ascender a este gran mirador de “la Valle Verde” con toda la impedimenta necesaria para pasar dos jornadas, los participantes pasaron una agradable noche bajo el cielo de Sobrarbe, al pie de la vertiente norte de Treserols y su glaciar. Al día siguiente enlazaron la cumbre oriental y la occidental de Astazú (de 3.071 y 3.013 metros, respectivamente) por la cresta que las une. Caminata y trepadas les regalaron unas magníficas panorámicas al Este, y al Oeste, en la vertiente francesa, flanqueados por un buen ramillete de las más altas cumbres de la cordillera. La lluvia que cayó ya bajando a Pineta no empañó esta bonita actividad que sumó entre las dos jornadas cerca de 2000 metros de desnivel y 22 kilómetros.


El Gran Bachimala (3.177m), el Cilindro o Mallo de Marboré (3.328m) y su Pitón Sur Oeste (Peña Roya, 3.194m) han sido otras de las ascensiones de este verano que, aparte de los Astazú ha programado para próximas fechas el Aneto, algunas cumbres del macizo de Coma Chibosa/Vignemale, y un viaje a Sierra Nevada. A ellas hay que sumar las cimas de que en el de Robiñera (3.003 m), Monte Perdido (3.355 m), Garmo Negro (3.064 m), picos de Algas (3032 y 3036m) y Argualas (3046m) que el sector joven de Nabaín y JP realizó en el verano de 2025, dentro del mismo programa, y las de Aneto y Monte Perdido realizadas en los veranos anteriores.


Próximas actividades


Para este final de semana el Club de Montaña Nabaín ha organizado nuevas iniciativas. Además de una ascensión al Aneto, por Vallibierna, con Juventud Pelaire; realizará actividad espeleológica en la Sima del Rebeco en Villanúa; y una ascensión circular por las peña de las Diez, de las Once y del Mediodía del valle de Chistau (con alturas entre los 2650 y los 2400 metros), que forma parte del programa conjunto de senderismo y montaña que desarrolla junto el club boltañes junto al Club Atlético Sobrarbe,de Aínsa.