El
Club de Montaña Nabaín realizaba una salida este fin de semana para
conocer los notables valores naturales de las zonas áridas de
nuestra comunidad
El 18 de abril, dentro de las actividades organizadas por el grupo de
Medio Natural del Club de Montaña Nabain, hemos realizado una salida
fuera de nuestras montañas. Nos hemos desplazado al centro de
la depresión del Ebro, al término municipal de Cuarte de Huerva.
Con la colaboración con el ayuntamiento de esta población
zaragozana, que incluyó esta salida dentro de las Jornadas
Esteparias que celebran desde hace 13 años, hemos descubierto
unos paisajes y unos ecosistemas que a pesar de su cercanía, son
totalmente desconocidos para la mayoría de la población. El
objetivo final de la actividad era la de conocer los valores
naturales que encierran nuestras estepas. Estas zonas áridas,
llamadas “secarrales” de forma despectiva, albergan comunidades
de vegetación y fauna de gran interés y singularidad.
La actividad dio
comienzo en el parque de Cuarte de Hueva a las 9.30 horas con una
participación de 27 personas. Con la colaboración de la policía
municipal y protección civil de Cuarte de Huerva, recorrimos los
primeros 800 metros por la carretera de Cadrete hasta llegar al
comienzo del barranco de los Visigodos. Comenzamos la ascensión y en
fila de a uno, por un estrecho camino, fuimos ganando altura.
Rápidamente el paisaje estepario nos envolvió por completo. Tras
una breve marcha, realizamos la primera parada, donde explicamos de
forma breve y sencilla, nuestros conocimientos no daban para más,
como estos bellos y singulares parajes han llegado a ser como hoy los
podemos contemplar.
Entender la geología
de un espacio puede requerir años de estudio, pero para nuestro
propósito, será suficiente con saber que el valle del Ebro fue hace
aproximadamente 20 millones de años una cuenca endorreica, donde se
producían fenómenos de sedimentación procedentes de los Pirineos
por el norte y del Sistema Ibérico por el oeste y por otro lado se
formaban rocas de origen evaporítico en las zonas centrales de la
Cuenca del Ebro, origen de los yesos, en sentido amplio, que
caracterizan los suelos de nuestras estepas. El modelado de la
actual orografía, comienza hace unos 5 millones de años, cuando esa
cuenca antes cerrada, queda abierta por un rio situado al este, en la
cordillera costero catalana, que podríamos denominar proto Ebro. Las
aguas interiores pueden por fin llegar al mar Mediterráneo y
millones de años después, el trabajo erosivo del Ebro y sus
afluentes, han ido dando forma a las terrazas, barrancos y ‘vales’
que hoy podemos contemplar.
El barranco por el
que discurre nuestra salida fue modelado por el rio Huerva y en su
margen izquierda, por la que nosotros ascendemos, es notablemente más
vertical que la margen derecha, que podemos contemplar al otro lado
del rio. Esta abrupta orografía ha propiciado que estos
barrancos hayan quedado fuera de la mayoría de las actividades
humanas, posibilitado que su estado de conservación haya sido
notablemente alto.
El camino sigue su
ascensión y con un paso tranquilo, vamos descubriendo las plantas
más características del ecosistema estepario. Encontramos dos
especies adaptadas a vivir en suelos de yesos y que tienen
sorprendentes adaptaciones para desarrollarse en estos duros
ambientes, el Helianthemum squamatum, una jarilla que florece
en pleno verano, gracias a su capacidad de obtener agua
directamente de la estructura cristalina del yeso, adaptación
sorprendente, que ha interesado incluso a los científicos de la
NASA. Encontramos las hojas de otra planta característica de los
yesos, la albada (Gypsophila struthium) que también florecerá
en los meses más calurosos del verano. Utilizamos el olfato para
fijar en nuestras mentes especies como la ruda (Ruta
angustifolia), con su peculiar aroma, el Helichrysum stoechas
con su característico olor a “Avecrem”, o la ontina (Artemisia
herba-alba) de agradable perfume.
Particularmente
abundantes fueron las orquídeas del genero Ophrys, sus
flores tienen el aspecto de insectos, moscas o abejas. Han
desarrollado una peculiar estrategia de polinización, donde el
engaño es la base de su éxito. No solo la flor parece un insecto
sino que también imita las feromonas femeninas para atraer a los
machos, que de caer en el engaño, se llevaran adheridos a la cabeza
o el abdomen, dos paquetes cerrados con el polen de la flor. A
cambio, el desdichado macho no recibe nada por sus servicios. En
nuestro paseo pudimos contemplar ejemplares de Ophrys speculum y
Ophrys lutea.
La ascensión
continua, la temperatura va subiendo, pero una ligera brisa hace que
la sensación térmica sea agradable. Muchas son las plantas que nos
encontramos en nuestro camino, geranios silvestres, varias
especies de amapolas; ejemplares del alhelí triste
(Matthiola fruticulosa); resedas, la hierba pincel (Coris
monspeliensis). Muchas más podríamos citar, pero la riqueza de
la estepa hace que no tengamos espacio en esta reseña.
Con un grupo
numeroso de personas es más difícil observar fauna, pero a
pesar de este pequeño inconveniente, disfrutamos del vuelo de los
milanos negros, de un numeroso grupo de buitres leonados y de las
cripticas cogujadas, escuchamos a la curruca rabilarga (Sylvia
undata) posada sobre una rama y pudimos admirar la belleza de la
collalba rubia (Oenanthe hispanica).
Sobre las 12
llegamos a la cima del cabezo de la Virgen de la Estepa a 430
metros de altura. Parada obligada para observar la excelente
panorámica, reponer fuerzas y comentar lo vivido hasta ese momento
con los compañeros de excursión. El regreso lo realizamos por otro
de los caminos del barranco, hubo explicaciones sobre la climatología
propia de estos espacios, curiosidades sobre algún insecto que
citamos y no pudimos ver y también el patrimonio llamo nuestra
atención cuando el convento de Santa Fe quedo ante nosotros.
Sobre la 13,30 estábamos ya en la carretera, justo a la salida del
barranco, nuestro amigo Pedro, buen conocedor de este lugar, nos
explico la historia de los restos de las tumbas visigodas de
los siglos VI y VII que teníamos delante. A las 14.30 y después de
una agradable conversación mientras nos hidratábamos en una terraza
de Cuarte de Huerva, nos despedimos y dimos por finalizada la
actividad.
Benito
Campo (Club de Montaña Nabaín)
Agradecemos a Pedro López, de Cuarte, su colaboración y aportaciones en esta jornada


Fotos de Concha, Anabel, Pedro, Juan y Benito