El Club de
Montaña Nabaín realizaba esta fin de semana una salida montañera
por el valle de Estaragne
Conocer la
flora que vive en los tresmiles era uno de los alicientes de este
recorrido
Una preciosa mañana
comienza en el valle de Estaragne. Quince integrantes del Club de
Montaña Nabaín empezamos, entre rododendros en flor, torrentes,
praderas y pinos negros, un camino que nos llevará hasta los tresmil
metros del pico Estaragne. La sección de Medio Natural del club
sobrarbés ha organizado esta actividad que, además de hacer cumbre
y disfrutar de la belleza del entorno, pretende dar a conocer la
primavera alpina, que llena de vida la alta montaña pirenaica.
En torno a los 2400
metros de altitud, mientras de la mano de Benito Campo, nuestro guía
de naturaleza, entendemos en una de sus paradas explicativas el
estrecho margen de tiempo que tiene la vegetación para desarrollarse
en torno a estas cumbres y las estrategias que usan para hacer
posible la vida en ellas, aparecen una docena de socios Peña Guara,
que en el marco de su sección 'Travesías pirenaicas' se dirigen también al Estaragne. Posteriormente nos iremos
encontrando y reencontrando a lo largo de la ruta.
Plantas carnívoras
para conseguir los nutrientes que no les da el entorno; otras que son
capaces de disolver la roca para ir conformando su propio suelo para
vivir; algunas que colonizan las paredes verticales siendo capaces de
autosembrarse en las grietas para evitar la gravedad,…nos acompañan
en sucesivas paradas. Pastos, torrentes y granitos se suceden en esta
parte del recorrido. Caminamos en el límite oriental del Parque
Nacional de los Pirineos franceses, en una sucesión de repechos y
rellanos que nos hablan de viejos glaciares. Las vistas se van
ampliando. El Arbizon -“el Cotiella del norte”, por su posición
respecto a la cordillera y por su altura-, la estilizada figura del pico de Bastan
-que nos recuerda la belleza de los ibones que le rodean-, y otras
cumbres de la Reserva de Néouvielle se nos muestran hacia el
noreste.
Hace una semana estuvimos preparando esta ruta. El retroceso de la
nieve en 7 días ha sido muy grande. También la bajada de caudal de
los torrentes. Algunas plantas han perdido sus flores; y otras, en
cambio, se han lanzado a dar color a las laderas con sus pétalos. La
primavera en la montaña es fugaz. Por eso, quizá, da más placer
cuando aciertas en el momento de disfrutarla.
Seguimos subiendo,
ahora hacia el sur, por empinadas terrazas. Las flores también están
sobre las pedreras. Ya sea agarradas a las rocas más estables o
lanzando infinitas raíces capaces de arraigar una y otra vez cuando
el movimiento de la ladera las quiebra. Llegamos a la franja rocosa
que protege las cumbres del fondo del valle. Y realizamos por debajo
de ellas un refrescante recorrido pegados al hielo de la “rimaya”
de un gran nevero. Treparemos las repisas rocosas para llegar a una
nueva “faja” ya bajo la cumbre del Estaragne. Por ella nos
dirigiremos hasta encontrar sus acantilados sobre el valle de Aure,
que nos ofrecen ya unas panorámicas destacadísimas sobre las
grandes cumbres de Aragón, desde Treserols a las Maladetas, pasando
por los macizos de Posets, La Munia o Bachimala. Algún paso
espectacular, pero no difícil, sobre la vertical vertiente sur de la
montaña nos lleva por una breve cresta hasta la parte final de la
ascensión. Nuevas montañas se nos muestran: Néouvielle, Ramoung,
Pic Long...
Compartimos cima y
paisaje con los compañeros de Peña Guara y nos hacemos una foto con
ellos. Y nos admiramos de la cantidad de especies vegetales que viven
a tresmil metros, de su pequeño tamaño y de sus bellas -y, en
proporción grandísimas- flores; y de sus múltiples recursos para
sobrevivir al frío, el viento, la nieve, a la pobreza del suelo, o a
la fuerte radiación ultravioleta de este lugar.
Regresamos, variando la ruta, hacia el norte, por debajo de la
cresta, contentos de la camaradería y de la complicidad de este
grupo, de nuevos y viejos amigos. Para Marta ha sido su primer
tresmil. Para Miguel su primera salida naturalista en la alta
montaña. Para veteranos como José Luis, Jaime o Antonio una ocasión
más para marcarnos el camino y demostrarnos que no hay edad ni
barreras. Para Benito, otra posibilidad de compartir. Para todos (creo) un día con muchos alicientes -que harán olvidar esfuerzos, mareos y dificultades-.
Una gran cumbre,
flora, paisajes, amigos… No podemos pedir más.
Hasta la próxima.
Juan Rodríguez
Bielsa
Las fotos son de María Jesús, Javier, Sergio y Juan