El Club de Montaña
Nabaín aprovechó una mañana de pausa entre las lluvias para unir
Boltaña y San Vicente por la sierra que separa el Ara del Yesa
A Cristian, a Hugo,
a sus montañas

Ha llovido toda la
semana. Las previsiones meteorológicas están divididas sobre lo que
nos vamos a encontrar el día en que está prevista la salida. En
principio la mantenemos, poniendo la esperanza en los soles que
dibuja una de aquellas sobre parte del horario de esta jornada. La
tarde anterior, sin embargo, llueve con ganas. No es raro que unos
cuantos compañeros, en esas horas, descarten desplazarse para venir
a Sobrarbe o a Boltaña. Hay que tener mucha fe. O muchas ganas de
salir al monte.
Finalmente, a la
mañana siguiente, nos juntamos 17 caminantes del Club de Montaña
Nabaín. Han podido las ganas y las nubes del arranque de la mañana
parecen difuminarse. Arrancamos desde el mismo Boltaña por el viejo
camino de Moriello de Sampietro. ¡Hay que aprovechar esta pequeña
tregua que nos da este enero de nieves y lluvias!
Tras unas exigentes
primeras rampas, que nos llevan a cruzar la pista varias veces,
alcanzamos el desvío que nos llevará, ya por bosque, hacia el
barranco de Cañimars o de San Martín. Lo cruzamos en unos saltos y
giramos hacia San Fertús. No llegaremos a esta pequeña localidad,
hoy despoblada. Nos desviamos de nuevo hacia el norte, por el sendero
que recorre la margen izquierda de este pequeño valle, que han
reabierto recientemente compañeros de la Asociación de Caminos
Tradicionales. Carrasca, pinos, bojes, bosque,...nos acompañan hasta
llegar a unas antiguas terrazas ganadas a la ladera. Quejigos de
grandes dimensiones llaman la atención en este tramo que,
descubriéndonos rincones poco frecuentados nos lleva hasta el lomo
de la sierra, junto a la masada Castillón. Hace sol.
Ya se ve Moriello.
Están ahí las primeras nieves. Y el horizonte se nos abre hacia
Treserols. Y, aquí debajo, el valle del río Yesa. Descartamos
dirigirnos hacia él. El camino que lo recorre en dirección a
Escalona exige vadearlo varias veces y ayer vimos que bajaba con agua
abundante. Recuperaremos pronto, en una nueva salida este recorrido.
A cambio nos vamos
ladera arriba, siguiendo el lomo de la sierra. Subimos al Tozal d’a
Caña. Restos de trincheras de la guerra, algún pozo que quizá
albergó nieve, y unas excelentes vistas hacia Boltaña, Buil y
Mediano nos reciben. Gorri nos cuenta un poco de la historia de este
lugar.
Descenderemos de él,
y siguiendo un tramo de pista nevado -que nos va ofreciendo
panorámicas de Puyarruego, Belsierre, Ceresa, Tella,...-
desembocamos en un nuevo sendero que nos llevará -manteniendo la
altura y las vistas- por un bonito bosque. El Tozal d’as Tres
Güegas, donde se unen los municipios de Puértolas, Labuerda y
Boltaña, da paso a un suave descenso que concluirá en un collado
entre San Crabás y el Tozal de Muro. Aquí abandonamos el sendero
para dirigirrnos hacia el Sur, junto al campo Lisa, hasta llegar al
camino de San Vicente.

Sus bien trazadas
curvas descienden por el carrascal hasta Casa Fontanal. Una amplia y
antigua vivienda, su torre defensiva del siglo XVI, la ermita
levantada con las mejores piedras, y sus corrales y pajares nos
hablan de la vida de muchas generaciones. El camino desciende, de
nuevo entre bosque, al barranco, que tras cruzarlo nos llevará a San
Vicente de Labuerda. Una visita al pueblo y al conjunto de su iglesia
románica cierran la jornada. Estos 14 kilómetros de paisajes y
naturaleza, con unos 700 m de desnivel, nos han dado energía para
afrontar la nueva semana de lluvias que nos espera..
Juan Rodríguez
Bielsa
