jueves, 9 de mayo de 2024

Pequeños montañeros camino de Torrolluala

 

El Club de Montaña Nabaín organizó una ruta infantil y familar naturalista a esta localidad del norte de Guara


Con los paraguas en la mochila para prevenir de la lluvia, como manda la superstición, nos juntamos el domingo, 5 de mayo de 2024, en Boltaña para comenzar la primera excursión infantil y familiar del Club de Montaña Nabaín de esta temporada, guiada por especialistas en el medio natural de esta entidad. A las 9 (casi) en punto 35 personas, casi la mitad niños/as, una de ellas transportada a hombros de su abnegado padre, nos disponíamos a disfrutar de la naturaleza con todos los sentidos.

A pesar de que el día amaneció nublado, nada más emprender el camino por la carretera de La Guarguera, el monte nos recibía con unos colores espectaculares, una paleta de verdes que no dejaba lugar a dudas: la primavera ya estaba aquí. Las caducifolias, dependiendo de su ubicación, estaban repletas de hojas o empezando a romper su letargo, con tonos verdes claros y brillantes. Mientras que las perennes, reivindicando su constancia, presentaban verdes oscuros y profundos. 


 

Empezamos la ruuta a la altura de la Pardina de San Juan, en una zona al lado izquierdo de la carretera en la que se pueden dejar varios coches sin problema. Los niños y niñas recibieron su cuaderno de campo, para que los descubrimientos del día no se evaporasen de inmediato, sino que se quedasen guardados para re-disfrutarlos en casa.

Los pinos dominaban la zona, pero aún así, Benito nos enseñó que estaban muy bien acompañados: álamos temblones, arces, enebros, quejigos, melojos… y hasta una orquídea (Ophris insectifera L.) pudimos ver. Muchas herbáceas con flores ya habían pasado su momento de floración, pero otras tantas empezaban, como algunos arbustos de genista. Los pequeños y pequeñas de la familia se afanaban en dibujarlas y escribir sus nombres en sus cuadernos, como buenos naturalistas. Los insectos estaban un poco agazapados porque el Sol brillaba poco, pero siempre hay algún animalito que acude a la llamada de la lluvia de los días previos, como las lombrices o los caracoles. 


 

El ritmo de avance era lento porque había muchas hojas que recoger e identicar y muchas piedras que levantar, pero al final conseguimos completar los 2 kilómetros de pista sin chipiarnos los pies al cruzar las dos torrenteras que tuvimos que atravesar. Al llegar al pueblo abandonado de Torrolluala del Obico nos sentamos a almorzar y a completar nuestros cuadernos de campo.

La vuelta transcurrió entre charradas y preguntas sobre todo lo que seguíamos viendo. Sobre las 13:20 llegamos de vuelta a los coches, después de 4 km y unos 100 m de desnivel en total. Mayores y menudos/as disfrutamos y aprendimos a partes iguales, quedando aún ganas para seguir disfrutando de nuestro Sobrarbe. Seguimos.

 


 


Ester Polaina

(Club de Montaña Nabaín)

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