Tres rutas diferentes, un vivac bajo las estrellas, comida y fiesta compusieron el programa de la celebración anual del club sobrarbés
El Club de Montaña Nabaín ha celebrado siempre su fiesta anual en torno a la montaña que le da nombre. Si en años anteriores los lugares de referencia de esta celebración fueron Ascaso, Jánovas o Boltaña, en la de 2026 han sido Yeba y Ballibió -en la vertiente norte de Nabaín- los protagonistas. Una ascensión nocturna, dos excursiones diurnas, un vivac bajo las estrellas, una comida y el baile posterior han compuesto el programa de un fin de semana que ha contado con la inestimable acogida y colaboración de los vecinos de Yeba y del Ayuntamiento de Fanlo, en el que se integra esta localidad.
Con el atardecer, y el sol ya oculto tras las laderas de Nabaín, arrancaba la primera jornada de este #Nabaín2026 en la que un primer grupo de caminantes fuimos ganando progresivamente altura por esa montaña, desde Ascaso, mientras la oscuridad iba haciendo visibles las luces de la infinidad de pequeñas poblaciones que componen Sobrarbe. Las luciérnagas a los lados del camino irían sustituyendo al rastro anaranjado, cada vez más tenue, que el sol había dejado junto a Canciás al esconderse, dando paso a un bellísimo paisaje nocturno: millones de estrellas y miles de lucecitas de pueblos y caseríos decoran la oscuridad de las montañas. Una total sensación de paz llena un vivac que tendrá su broche con el sol surgiendo junto al Posets en un colorido amanecer.
Protegido de ese mismo sol por las pronunciadas laderas del noroeste de Nabaín, y por los bosques de hayas -O Fabar- y de pinos que las cubren, otro grupo nos preparamos, en la Cruceta de Yeba, para ascender hacia la cumbre. La hora de partida y la orientación de la ruta harán que las dos horas de caminata y los 700 metros de desnivel discurran de manera agradable sin sufrir el calor de estos días. Y, como ya es casi costumbre, durante la subida escuchamos algunas canciones de la Ronda de Boltaña que José Luis nos iba poniendo con el móvil y algunos de nosotros tarareábamos. Sobre las 10 de la mañana nos juntamos en la cima con el resto de compañeros que habían pasado allí la noche. Las montañas de Ordesa y otras grandes cumbres de Sobrarbe, de Ribagorza y del Viejo Aragón nos dan la bienvenida en el horizonte junto a Guara y otras sierras. Allí en ‘A Rosera’ que recuerda a José Ramón Monclús, impulsor desde el Club Nabaín del montañismo sobrarbense, le haremos un pequeño homenaje renovando la tablilla que conmemora su labor.
Cientos de metros más abajo, otro grupo de caminantes hemos salido de la plaza de Yeba hacia Buerba, para realizar una bonita circular. En suave descenso nos dirigimos hacia el río Yesa por camino bien marcado como GR 268 (Senderos de San Úrbez, que va de Huesca capital a la ermita de San Úrbez en el Cañón de Añisclo). A poca distancia del pueblo nos topamos con una preciosa borda muy bien conservada donde nos hacemos una foto del grupo, llegamos al río, con poco caudal y lo cruzamos por unas piedras bastante bien dispuestas.
Seguimos por la GR hasta encontrarnos con el barranco Navarra y, a poco, con otra variante del sendero proveniente de Vió. Ya con Buerba a la vista damos un rodeo para superar un barranco y siguiendo por el camino bien marcado y perfectamente desbrozado que atraviesa los viejos muros que delimitaban los campos de cultivo, en las eras, llegamos después de 2 horas de marcha. Echamos un bocado, y nos refrescamos. Tras visitar la iglesia y cementerio, seguimos la ruta, para ello tomamos un sendero balizado de blanco y verde (senderos de Aragón).
El sendero en fuerte descenso, pero sin dificultad, se mete de lleno en el barranco del Cubo. Hay un punto donde el camino entra casi en el cauce, con unas sirgas en mal estado para agarrarse, pero que no utilizamos por el escaso caudal. Seguimos por la senda hasta llegar al río Yesa y allí tras una pequeña duda sobre la continuación del sendero, atravesamos el río por piedras, sin problemas, donde encontramos de nuevo las señales de la senda y tras seguirla en ascenso, que esperábamos más sombría, volvemos a Yeba donde nos cambiamos, refrescamos y nos remojamos los pies en el lavadero, para ir a comer con el resto de compañeros de las distintas rutas de hoy -en las que hemos contado con la compañía de un puñado de amigos del Club Atlético Sobrarbe-.
En el conjunto urbano de esta localidad, ubicada a 1150 metros de altura, en un promontorio a los pies de la Sierra de Bolave, destaca su iglesia románica, excepcionalmente conservada, el lavadero y algunas de sus casas. En el local social que gestionan sus vecinos comeremos una estupenda paella que ha preparado otro grupo de compañeros del club y disfrutaremos de una animada tarde de música y baile, para celebrar un año más la amistad y el compañerismo que forjan las montañas.
Manuel Hernández, J.C. Somolinos y Juan R. Bielsa































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