miércoles, 19 de agosto de 2026

Cuando las estrellas se esconden: Ruta nocturna a Crapamote (Crónica montañera)

 

Treinta integrantes del Club de Montaña Nabaín realizaron una bonita ruta nocturna por esta montaña que separa las cuencas del Ara y del Vero

Llueve esta tarde. Lo cual es una noticia en este verano extremadamente seco que llevamos viviendo. Pero dudamos si nos impedirá hacer la ascensión nocturna a la cumbre de Crapamote que hemos programado para hoy. La coincidencia con la luna nueva y con el periodo de apogeo de la visibilidad de las estrellas fugaces en nuestro cielo nos ha animado a combinarla con una observación astronómica.


Todas las predicciones meteorológicas dan unas horas de cierta tregua a la inestabilidad en el periodo en que habíamos programado realizar la salida. Y no nos lo pensamos más. Una treintena de integrantes del Club de Montaña Nabaín nos reunimos al final de la tarde, en Boltaña para hacer la excursión. Solo unos pocos han cambiado de parecer por la amenaza de lluvia.


Tras pasar Campodarbe y el mesón de Fuebla -con su nuevo punto de observación de estrellas- nos desviamos por la carretera que lleva a Puymorcat y a Las Bellostas. Aparcamos en la confluencia de esta vía con el camino que viene de Fuebla. Y empezamos a caminar por el sendero que se dirige a Morcat.


Una tenue luz del sol se refleja en Cotrella y la Peña Montañesa. La noche quiere imponerse. La temperatura es muy agradable. Las cumbres fronterizas van mostrándose de un gris azulado en el horizonte, con la Brecha de Roldán, Treserols y el resto de las grandes cumbres de Ordesa como protagonistas.


Vamos avanzando, alternando tramos de viejos caminos con otros de pista. Dejamos atrás la que va a Morcat. Dejamos a un lado el camino que lleva a la escultura del artista local Gerrie van Dorst, ‘Alas que despiertan’, ubicada en este solitario otero desde el que parece invitar a despertar a ese amplio Sobrarbe, tan castigado por la despoblación, que se extiende a sus pies.


La lluvia hace acto de presencia por primera vez. Es suave. Parece acompañar a la noche. Con nuestros chubasqueros no resulta molesta. El cielo se cierra y se abre. Confiamos en los claros que vienen del Oeste. Todos. Incluido Pablo, que hace su primera excursión con su abuelo Ton, mostrándose como un estupendo montañero al que no le arredran la noche ni el agua.


Varias veces vendrá esa lluvia suave. Varias veces se alejarán los claros. Varias veces podremos ver algún planeta, unas estrellas, distinguir algunas constelaciones… Venus se muestra en el cielo. Escorpio aparece en parte, con Antares, la estrella gigante roja, una de las más brillantes del firmamento en su corazón. La Osa Mayor, con la también muy luminosa Arturo, de la constelación Bootes, a su izquierda también se dejan observar.


Llegamos a la cumbre de Crapamote (1.300m) en medio de una ya cerrada oscuridad. Esta cima pese a la modestia de su altura ofrece una amplia panorámica del bajo valle del Ara, de las montañas de Sobrarbe y de la zona del norte de Guara y la Guarguera. También de noche. Las luces de los pueblos del Ara y el Cinca aparecen a lo lejos como constelaciones que vamos descifrando entre todos. Sieste, Campodarbe, La Valle, Boltaña, Puértolas o Bestué; O Pueyo d’Araguás, Margurgued, Arcusa…. Al Oeste , hacia Guara, en el arranque de la cuenca del Vero, una oscuridad solo rota por las luces de Puymorcat. Y en las nubes los resplandores lejanos de Huesca, de Barbastro, de Sabiñánigo… No llueve. Cenamos en la cumbre, donde además celebraremos el cumpleaños de Susana. ¡Felicidades!


En el momento de marchar a tranquilidad se rompe por unas rachas de viento que traen lluvia. De nuevo los chubasqueros. De nuevo la caminata en la paz de la noche. De nuevo para. De nuevo se abre un claro, y vemos unas estrellas, y Maite canta el ‘Cumpleaños feliz’.


Una larga fila de frontales dibuja una estela de luz en la solitaria noche de estos solitarios caminos de Sobrarbe. Está todo precioso. Las nubes siguen allá arriba. Y tras ellas sabemos que estarán ocultas, observando la rara constelación que forman nuestras luces, la Osa Menor y Casiopea, y también Vega, Deneb y Altair, el trángulo de verano de brillantes estrellas que deberían llevarnos a lejanas constelaciones como Lira, El Cisne o El Águila. Tendremos que venir otra noche para verlas.


Juan Rodríguez Bielsa y José Luis Gracia Amigot

 

 








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