El Club de Montaña Nabaín y el Club Atlético Sobrarbe realizaron una ruta circular a las peñas de las Diez, de las Once y del Mediodía
Después de varias horas de esfuerzo, una treintena de montañeros y montañeras de los clubes Atlético Sobrarbe y Nabaín, nos plantamos en la cumbre del Pico Mediodía, una de las montañas más septentrionales del Macizo del Cotiella. Atrás quedaban los pasos por el Collado del Ibón y las Agujas de Las Diez, Las Once y Mediodía.
Para concluir nuestro recorrido, aún nos quedaba una hora y media de bajada por pendiente moderada de pedrera fina para volver donde habíamos iniciado la ascensión, el Ibón de Plán, también llamado Basa de la Mora. Aunque no pasa por su mejor momento, por la sequía propia de la época estival y su utilización como punto estratégico de recogida de agua por los helicópteros para sofocar un incendio cercano producido recientemente, es seguramente uno de los lagos de montaña más bonitos y espectaculares de toda la cordillera pirenaica.
Este macizo es un rincón del pirineo poco visitado, y eso está bien. Algunas de sus cumbres emblemáticas son poco accesibles, los desniveles son importantes y su orografía es compleja. Además se encuentra a la sombra de los ‘Montes Perdidos’, ‘Vignemales’, ‘Anetos’ y demás… Quizás esos escasos ochentaitantos metros que le faltan para ser una de las montañas que sobrepasan los tres mil metros tenga también algo que ver en la ecuación.
La ruta elegida es sin duda alguna un verdadero paseo aéreo. Casi siempre nuestro camino transcurre por el pétreo y estrecho filo que une estas montañas, haciéndonos sentir como verdaderos funambulistas. La atmósfera estaba prístina, transparente, sin el más mínimo atisbo de bruma. Los macizos de Maladeta-Aneto, Vallivierna, Bachimala, Batuás, Eristes, Tendeñera y Turbón entre otros, mostraban sus rasgos de manera clara y contundente. La belleza del recorrido es tal, que a cada poco nos sentíamos con la obligación de parar a contemplar el espectáculo que teníamos ante nosotros.
El día se mantuvo soleado pero fresco. La radiación solar era implacable. Después de leer en las noticias que acabamos de pasar el verano meteorológico más cálido de la serie histórica, iniciada en 1961, disfrutar de estos recorridos, fuera del calor abrumante de los valles, es todo un privilegio.
Estas peñas sabias son un gran monumento natural y a la vez un instrumento de precisión. Varias de ellas conforman las agujas de un gran reloj. Los habitantes que las rodean establecieron un código ancestral aliándose con el sol para medir el paso del tiempo. A veces la tecnología más vanguardista es así de simple. Basta con ser observadoras y curiosos para descubrir los secretos más escondidos que nos ofrece nuestro planeta. Deberíamos de mirar más hacia el pasado para encontrar el camino a nuestro futuro, y creo que en parte es lo que hemos hecho caminando por sus cumbres. Un viaje en el tiempo.
Dos momentos de esta salida montañera perdurarán en mi memoria. La basa, en las horas centrales del día, es un lugar muy concurrido. Decenas de turistas son atraídos por su belleza y su fácil acceso. El alboroto que produce el gentío resta gran parte de la magia de este soberbio lugar. Disfrutar de su silencio y soledad como pudimos hacerlo nosotras durante unos instantes será uno de esos recuerdos
El otro será la impronta que dejó la visión del terrible incendio que hace pocos días asoló parte de este encantador lugar. 90 hectáreas calcinadas de bosque de gran valor ecológico, hacen que el alma se encoja. Una tormenta eléctrica quiso dejar su feroz impronta. Qué se puede hacer contra eso más que reflexionar y aprender de la madre naturaleza.
La jornada terminó como es costumbre tomándonos unos refrigerios y charlando sobre lo acontecido durante el día y lo que está por venir. Gracias a todas y todos los que habéis participado en esta gran jornada de montaña y en especial a Montse por enseñarnos que el querer puede ser un gran poder. Nos vemos en el monte.
Juan Carlos Somolinos (Club de Montaña Nabaín)























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